martes, 12 de febrero de 2019

No hay muelles









No hay muelles donde desembarcar cuando el viento es eso,
la voz de la incertidumbre y el acoso de todo lo que duele.

Alguien pronuncia, escribe, deletrea en el aire con sus dedos o en el vaho de un cristal y deja el sonido perfecto, lleno de luz, de la palabra deseo.


Es una melodía que se reconoce. Todavía hay sinfonolas que hacen mover las caderas al ritmo inexcusable de la música.

Yo pienso en la urdiembre que une esa palabra al cauce de la vida, a todo lo que es de las manos y la boca, mirar al otro como si lo respiras, sueños pretéritos y verbos que sucumben al fuego de las pavesas.

Uno no deja de ser hombre/mujer aunque de vez en cuando contemple las líneas rojas de los atardeceres y distinga, como no puede ser de otro modo, el aguardiente, el neón de la lluvia de luz y de silencio.

Pregonan la oración entre los dedos de viejas cuentas pendientes...escucho esos salmos de profetas, viejos cuentos de abuelas, y me inclino con mi vista echada al suelo, sigo el recorrido de los gusanos que huyen tras anidar en el corazón de los que aún respirando son seres inertes.


f.



No hay comentarios:

Publicar un comentario